Observaciones desde el Faro de Cullera

Durante los meses de invierno en el  Golfo de Valencia se concentra la mayor parte de la población de la escasa Pardela balear (Ruffinus mauretanicus).

En esta temporada es bastante habitual, y casi constante, el paso de “trenes” de pardelas moviéndose a norte o a sur según la hora del día o la disponibilidad del alimento,  así como  la formación de balsas de  pesca de centenares y hasta miles de ejemplares. A veces pasan a pocos cientos de metros del cabo de Cullera aunque otras se llegan a adentrar varios kilómetros mar adentro para pescar. Entre las que es posible, aunque no resulta fácil, localizar alguna P. mediterrránea (Puffinus yelkouan) que se distingue por su ligeramente menos tamaño y una coloración más blanca en el vientre y pecho

También se siguen observando los níveos Alcatraces atlánticos (Sula bassana) adultos, aunque son más abundantes en paso cuando encontramos inviduos de diferentes edades. Es fácil que se nos cruzen en la lente del telescopio con los pequeños Charranes patinegros (Sterna sandvicensis) que vemos zambulléndose en el mar con espectaculares picados.

Tampoco resulta extraño encontrar en este punto, frente a la playa del Dossel, bandos de Negrones comunes (Melanitta nigra) entre los que, ocasionalmente, se inserta algún Negron especulado (Melanitta fusca). Entre las especies del género Larus  son abundantes las  gaviotas reidoras (Choroicocephalus ridibundus) y entre ellas, más frecuente en verano, suele   aparecer alguna gaviota cabecinegra  (Ichthyaetus melanocephalus). Más comunes son las grandes Gavitas patiamarilla (Larus michaellis)  y  se dejan ver algunos ejemplares   de  Gaviota de Audouin (Larus Audouini) G. sombría (Larus fuscus).

 

Más raro, aunque tampoco infrecuente en invierno, es la observación de Págalo grande (Stercorarius skua) y de Alca común (Alca torda) normalmente alejados de la costa los primeros y más próximas a las rocas del promontorio del cabo las segundas.

Pero lo que es realmente un espectáculo sorprendente es lo que ha sucedido en las dos últimas convocatorias de RAM (diciembre y enero): centenares de Flamencos (Phoenicopterus ruber) cubriendo el horizonte deplazándose sobre el mar quizá asustados por las actividades de los cazadores en los arrozales en torno a la Albufera donde descansan y se alimentan.
Pese a la belleza de las imágenes, no es sin duda una buena noticia que ese comportamiento se repita con cierta frecuencia ya que evidencia las molestias a las que estos animales son sometidos dentro de los límites del Parque Natural por culpa de esta actividad.
 Y como no es fácil dejar de mirar a tierra, el hacerlo  nos depará a veces sorpresas. Como la esporádica presencia del Halcón peregrino (Falco peregrinus) o la nutrida colonia invernante de  Aviones roqueros ( Ptynogoprogne rupestris) en los edificios del Faro de Cullera.
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