Últimas crónicas de este año en la Albufera (II)

Nuestra última excursión del año 2015 resultó una de las más gratificante ya que tuvimos la fortuna de guiar en un tour a medida a 2 veteranos “birdwatchers” británicos: Liz y Raymond que a pesar de haber tenido la oportunidad de pasar algunos periodos en nuestra zona, jamas se habían acercado a conocer el Parque Natural de la Albufera y sus aves.

Después de recogerlos en Denia y de un agradable viaje hasta la Albufera en el que fuimos repasando los detalles que previamente habíamos acordado y hablando, como no, de las aves que podríamos visitar con el “check list” ya en la mano, llegamos a Cullera.

Mi objetivo era hacer una primera visita al Faro de Cullera para intentar observar una de las especies objetivo del día: la Pardela Balear. No tuvimos demasiada suerte porque apenas pasó un grupito lejano, aunque se compensó en parte con el avistamiento de una Gaviota de Audouín, “bimbo” para ambos,  y un par de Gaviotas patiamarillas, además de Charrán patinegro y Cormorán grande.

El siguiente objetivo era intentar sumar alguna de las especies que se pueden localizar en los roquedos y matorrales de la Montaña de Cullera y, de paso, observar desde un lugar privilegiado la totalidad del Parque que en las próximas horas recorreríamos.

De este modo pudimos sumar Roquero solitario, Avión roquero, Currucas cabecinegra y rabilarga  así como Cernícalo vulgar y algunos fringílidos comunes (Verdecillo, Jilguero y Verderón).

Tras tomar un café y comprar algo de comida en un conocido horno de una de las pequeñas poblaciones que hay dentro del Parque decidimos dar otra mirada al mar pero con la misma poca fortuna que en el Faro con lo que respecta a las Pardelas, así que decidimos no perder más tiempo con ellas y adentrarnos por los arrozales para buscar algunas de nuestras otras “especies objetivo” del día.

A pesar de haberlo observado desde las alturas de la montaña de Cullera, fue en nuestra primera parada en los campos inundados del término de Sueca donde nuestros amigos empezaron a comprender la magnitud del humedal y la importancia del manejo del agua en el mismo para la fauna.

Gallinetas, Calamones, Fochas, Somormujo lavanco, Zampullín cuellinegro y Zampullín común, junto a los primeros patos –Ánade azulón obviamente- y abundantes Cormoranes fueron acostumbrando nuestros ojos a las especies ligadas a hábitat palustres.

Y por encima de ellas decenas de Aguiluchos laguneros que hacían las delicias de nuestra amiga Liz, verdadera apasionada de las rapaces, y un lejano bando de Flamencos que no tendríamos la suerte de volver a encontrar posteriormente.

Pero curiosamente fue una especie no acuática otra de las aves  destacadas del día: la Tarabilla común nunca observada antes por Ray y que resultó mucho más atractiva para ellos que un pequeño bando de 4 Porrones pardos que llevaba viéndose en la zona hacía varios días.

Siguiendo nuestro recorrido fuimos sumando especies de ardeidas comunes en esta época: Garza real, Garcilla bueyera, Garceta común, Garceta grande … hasta que apareció una inesperada: la Garcilla cangrejera. Un par de ejemplares que se están viendo con cierta regularidad y que, al parecer, no han hecho el camino hacia África sino que permanecen en este atípico invierno en los campos de arroz que ahora ya comienzan a ser fangueados.

Y poco después de estas, otro magnífico encuentro con una de las aves más enigmáticas del Parque Natural por su presencia irregular y sus costumbre un tanto atípicas para tratarse de una rapaz nocturna: la Lechuza o Buho campestre.

Bisbitas, Lavanderas, algún Martín pescador y enormes bandos de Gaviotas reidora y otros no menos numerosos de Avefrías nos acompañaron a nuestro siguiente objetivo: el Avetoro. Pudimos verlo, aunque no podemos decir que fuese una observación sosegada, gracias a la presencia de otros pajareros y fotógrafos en la zona.

También costo encontrar los Moritos aunque lo logramos antes de parar a comer en una zona de pic-nic de uno de los antiguos embarcaderos de la Albufera: el Portet de Sollana, desde los que se establecían conexiones con otras poblaciones del lago cuando los caminos y carreteras eran mucho menos abundantes y había que desplazar a las personas y, sobre todo, transportar las cosechas de arroz o la pesca.

Tras la comida tocaba visitar los diferentes hábitats que conforman la barra que separa el lago del mar: La Devesa, con su bosque de pinos y las dunas costeras no sin antes echar un vistazo a la mejor zona para la observación de anátidas: la Mata del Fang donde sumamos en un momento 6 nuevas especies: Pato colorado, Cuchara europero, Porrón común, Ánade rabudo, Cerceta común y Tarro blanco.

El paso por el bosque y las dunas no fue lo fructífero que hubiésemos deseado, aunque permitió la observación de nuevas especies: Mito, Carbonero común, Agateador común, … y vivir uno de los más bonitos momentos del día: una acción de captura y alimentación en vuelo con la que nos deleitó un precioso Cernícalo vulgar junto al estanque artificial de Pujol. Allí descansaba también un pequeño bando de Archibebes claros y revoloteaban algunas Cogujadas comunes.

Antes de regresar a nuestro punto de origen pudimos contemplar una de las maravillosa puesta de sol en la Albufera que vino precedida de la observación de una preciosa Aguililla calzada con la que concluíamos nuestra lista de especies observadas con una cifra final de 62.

Puesta de Sol Albufera

Desde aquí nuestro agradecimiento a Liz y a Ray por la confianza depositada en nosotros y a los compañeros de la Asociación de Guías de Birding de la Com. Valenciana que nos pusieron en contacto

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